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domingo, marzo 06, 2005

Las cuentas oscuras de los partidos

Maragall ha quitado la espoleta, pero está por ver el alcance real de sus explosivas denuncias, pues las finanzas de los partidos políticos llevan muchos años fuera de control por culpa de una legislación ambigua y laxa. Donaciones anónimas, condonaciones de créditos y aportaciones a través de los Ayuntamientos siembran dudas sobre el origen de determinados ingresos.

Atrás, olvidado en algún cajón, duerme el acuerdo de 1994 entre PSOE y PP para reformar la Ley y suprimir las donaciones anónimas, un empeño que no salió adelante por la oposición de CiU y PNV. El tejido clientelar del nacionalismo está sólidamente arraigado en sus ámbitos geográficos y eso se refleja, episodios inconfesables al margen, en la propia contabilidad oficial. Globalmente considerada, la suma de las cuotas de afiliación y las aportaciones privadas sólo representa un 15 por ciento de los ingresos de los partidos españoles. Pero esa proporción se dispara en el caso de determinados partidos nacionalistas, según ha comprobado Los Domingos de ABC. El de Convergència es especialmente llamativo: en 2001, último ejercicio fiscalizado, de unos ingresos totales de 7.496.102 euros, el 60 por ciento (4.622.312) procedía de estos dos conceptos.

A pesar de que los números resultan turbios (seguramente los más llamativos sean los que jamás llegaremos a conocer), algunos de los oficialmente registrados «cantan», al hilo del escándalo desatado en Cataluña por las denuncias de Pasqual Maragall: entre 1999 y 2001 Convergència Democrática y Unió (los dos socios de CiU presentan sus cuentas por separado) percibieron en donaciones anónimas 8.682.900 euros, con lo que superaron ampliamente las recibidas por el PP (6.885.052 euros). Una diferencia abismal si se tiene en cuenta el dispar peso demográfico de las zonas de implantación de la coalición catalanista y del Partido Popular, de ámbito nacional. En las Cortes, cuando se presentaron los datos del Tribunal de Cuentas, se lanzó al ruedo parlamentario un cálculo significativo: si el PP, arraigado en toda España, hubiera obtenido ayudas anónimas en la misma proporción que CiU en Cataluña, habría multiplicado por ocho lo que de hecho ingresó por esa vía.

Otra lacra repetidamente denunciada es la condonación de deudas por parte de Bancos y entidades de crédito, una vía de «ingresos» sobre la que tampoco dice nada la Ley vigente y que urge regular. El PSOE, que con razón presume de un menor peso de las «aportaciones anónimas» en sus finanzas, es sin embargo el que más tiene que callar en este terreno. Aduce que no es ilegal: cualquiera tiene derecho a renegociar sus préstamos. Lo curioso (a lo mejor Maragall podría hacer también consideraciones a este respecto en algún debate del Parlament) es que el PS, es el partido español que mayor deuda vencida acumula (14 millones de euros), casi la mitad de la conjunta de todas las formaciones políticas, cifrada en 32,9 millones. El PSOE nacional se sitúa en segundo lugar, con 6´7, y entre ambos copan el 60 por ciento de los créditos sin pagar. En su último informe el Tribunal de Cuentas documenta que se le condonó un crédito al PSOE en Guipúzcoa. El partido saldó en 2001 con un pago de 84.141´69 euros un crédito suscrito en 1984 por importe de 150.253,23 euros. El ente fiscalizador se queja de que «esta operación supone una aportación extraordinaria para el partido no regulada expresamente en la Ley Orgánica 3/1987».

ABC